Tras el fracaso de la iniciativa estadounidense de una zona hemisférica de libre comercio en la cumbre de Mar del Plata, el presidente Bush pasó su guayabo (resaca para quienes no dominan el idioma colombiano) en compañía del presidente Lula, de Brasil, a quien visitó durante dos horas en paso hacia la capital del imperio. La tertulia presidencial fue camuflada como una forma de zanjar diferencias sobre el foro apropiado para considerar el tema del libre comercio en los ámbitos regional y global y fue percibida como un espaldarazo del presidente del mundo al líder natural de América Latina. Es oportuno especular acerca de las ideas, sentimientos o conveniencias que produjeron el encuentro Bush-Lula.
El mandatario del Norte tiene gran flexibilidad de parámetros de conducta que le permite amigarse con el líder “democrático” de Pakistán, el autoritario general Pervez Musharraf y mirar a los ojos de Putin para descubrir su noble, generoso y democrático corazón. Cualquier cosa por difundir la democracia y combatir el terror. Lula, sin ser tan de doble tapa, ha cobijado sus principios socialistas y sus cruzadas sociales con un manto de condescendencia muy parecido al capitalismo. No es difícil para ellos, por consiguiente, almorzar juntos. Como su respeto por sus propias ideas no es grande, no les molestan las del rival.
Bush cree que promover a Lula no traiciona su apego fanático a la democracia capitalista porque busca apoyar un personaje mucho más potable que Fidel y Chávez, con quienes el ferviente cristiano nunca se rebajaría a charlar. Lula, por su parte, tiene credenciales suficientes como para que una reunión social con Bush no afecte su status dentro de la izquierda latinoamericana. Si alguna reticencia hubo de alguna de las partes a esta asombrosa intimidad, quedó superada sin duda por los beneficios políticos que los presidentes creyeron recibir de una oportunidad fotográfica que les permitió caminar en mangas de camisa con sus respectivas esposas.
Quizás la foto que registró la caminata –Bush con las mangas de la camisa arremangadas que se han convertido en emblema de su presencia, Lula con una sana barriga de hombre satisfecho de mediana edad, la señora Laura Bush tan apergaminada en contraste con su saludable y auténtica contraparte brasileña—fue el principal resultado tangible de esta mini cumbre en el gigante de América Latina. Porque los efectos políticos son más claros en la mente de los protagonistas que en el mundo de la realidad. Nadie cree que este disfraz de ideas sea verdad y en general se lo toma por lo que es, la costumbre de los líderes de abdicar de sus valores en cuanto les hayan servido para alcanzar su cuota de poder.
Hay que registrar la reunión con una buena dosis de escepticismo. Al fin y al cabo, uno de los personajes es el mismo que afirmó la existencia de armas de destrucción masiva en manos de Sadam Husein y que acaba de asegurar, contra toda evidencia, que su gobierno no tortura.
