Los damnificados del huracán Katrina son muchos. Son muchisimos, miles y quizás decenas de miles los que han perdido la vida; cientos de miles los que han perdido sus pertenencias materiales, los que han perdido familiares, empresas y mascotas.
Esta ha sido una catástrofe de proporciones históricas a la par de la del 11 de septiembre del 2001, la del 11 de marzo del 2003 en Madrid, el Tsunami en diciembre del 2004 en el océano índigo, el terremoto en Kobe, Japón en enero del 1995, y tantos otros que no recuerdo.
Además este es un desastre con costos que no ha debido tener si la administración Bush hubiese hecho su trabajo. Este huracán fue anunciado con días de anterioridad, causo estragos en la florida rumbo al golfo de Méjico; todos los metereólogos expertos pronosticaron la inundación de Nueva Orleáns y el cuerpo de ingenieros del ejército entre otros llevaba años pidiendo al gobierno que financiara las obras necesarias para mantener y reforzar los diques que mantenían la ciudad seca.
El país que siempre ha estado al frente para ayudar a las victimas de los desastres en otras partes del mundo no fue capaz de ayudar a su propia gente en el momento en que mas lo necesitaba. Para mi la única diferencia entre la respuesta de este país a los otros desastres y este es quien ocupa la casa blanca.
Es para mi incomprensible que con la magnitud de este desastre natural, las victimas sean tan solo aquellas que vivían en la zona afectada por el huracán; solo los agricultores del medio-oeste del país que pierden sus cosechas por problemas para transportarlas y los bajos precios que estos acarrean en consecuencia; solo los consumidores de gasolina que hemos visto los precios del combustible subir mas de 20% en tan solo unos días; tan solo los que utilizarán gas natural o aceite para calentar la casa este invierno próximo lo cual ya pronostican tendrá un incremento del 70%; o tan solo los países que importan productos agrícolas a este país que ahora no podrán llegar al mercado porque el puerto de Nueva Orleáns esta cerrado. Es verdaderamente un milagro que las empresas petroleras, muchas con plantas en la costa del golfo de Méjico, no lo hayan perdido todo como las demás victimas sino que a cambio estén registrando ganancias de miles de millones de dólares. Gracias a Dios se salvaron.
Yo no le deseo el mal a nadie, y mucho menos a las petroleras, pero si pienso que a lo mínimo es inmoral que se aprovechen de un desastre como este para especular y beneficiarse de manera obscena mientras el resto del mundo se hunde en la miseria.
Un buen presidente que se preocupa por su gente ejercería su poder implantando controles y evitando el abuso de las petroleras. Supongo que tendremos que esperar a las próximas elecciones.
