Humor Negro

I-De Johnson a Bush

El periodista argentino Hugo Gambini en su biografía de “El Che Guevara” cuenta que en 1954 en los días previos al derrocamiento de Jacobo Arbenz, este consiguió en Suiza equipamiento para tres mil soldados para intentar hacer frente al arsenal que se acumulaba en sus fronteras bajo el patrocinio de la CIA. Lyndon B. Johnson, entonces senador por Tejas, se atrevió a solicitar “una rápida acción para impedir que las escuadras de bombarderos guatemaltecos destruyan los pozos petrolíferos de Texas y de todo el continente.”

Johnson, claro, fue después presidente de Estados Unidos y abanderado de la guerra en Vietnam. Años más tarde su paisano don George W. Bush puso en estado de alerta extrema al mundo al dar cuenta de la amenaza de holocausto global con las armas de destrucción masiva de Sadam Husein y llevó a la humanidad a una guerra ilegal en Irak.

El señor Johnson tenía la infame costumbre de alzar por las orejas a sus perros beagle, con gran escándalo de las sociedades protectoras de animales y repugnancia de la ciudadanía. Pero nunca hubiera levantado al público de las orejas con la desfachatez de don George W.

Resulta que en el afán de divertir a su audiencia, sacó a relucir unas fotografías en las que aparece en cuatro patas buscando, sin encontrarlas, las armas de destrucción masiva por debajo de su escritorio. Lástima que no se hubiera hecho pequeñito para esconderse bajo la alfombra en lugar de reírse en público, para deleite de sus secuaces que lo aplaudieron sin vergüenza, de una mentira o un error fundamentales con incalculable costo en vidas.

Si así es en público, cómo será en privado. Que de bromas le gastará don George W. al gobierno de Estados Unidos y a las relaciones internacionales. Su horrible pantomima al presentar el fiasco de las armas de destrucción masiva como un sainete intrascendental es garantía de su presteza para entender como triviales cosas tales como las cuestiones de la guerra y de la paz, del medio ambiente y del colapso fiscal, de las libertades cívicas y los derechos sociales de sus compatriotas.

Ojalá el público le juegue la broma de mandarlo en noviembre a pasar el guayabo del imperio en su rancho de Tejas.

II-Metidas de pata

Durante la celebración de la semana internacional de la mujer el señor George W. Bush rindió homenaje a las mujeres líderes en el mundo, entre las cuales destacó a Fahti Jahmi, de Libia, liberada de la prisión a la que había sido condenada por defender la libertad de expresión y la democracia. La historia de Fahti Jahmi es cierta pero no lo es que sea mujer líder, porque es hombre. (Noticia aparecida en The Washington Post, 13 de marzo de 2004)

Otra perla de sabiduría del líder del mundo libre. Hablando en la embajada de España en Washington cuando la visitó con motivo de la masacre del 11 de marzo en Madrid, afirmó que España es una gran cultura y un gran pueblo con grandes tradiciones de democracia. (The Washington Post, 14 de marzo de 2004) Claro que el presidente es muy joven y no puede recordar la dictadura de Francisco Franco, pero es lástima que nadie le haya hablado del tema. Cuando murió el caudillo el señor Bush empezaba a estudiar una maestría en administración de empresas en la Universidad de Harvard, un entorno en el cual el resto del mundo tenía tanta importancia como la que hoy tiene en la Casa Blanca.

Antonin Scalia magistrado de la Corte Suprema de Estados Unidos y gran elector del señor Bush, para explicar por qué no se declaraba impedido en un caso en el cual su amigo el vicepresidente estaba involucrado, indicó que si se decidiera que los jueces están impedidos por razones de amistad en casos referentes a la conducta oficial de funcionarios públicos, la decisión sería en detrimento de la justicia teniendo en cuenta que muchos magistrados son nombrados a sus cargos por ser amigos del presidente u otros altos funcionarios. (The Washington Post, 19 de marzo de 2004) Así interpreta un magistrado del más alto tribunal sus deberes hacia la sociedad y su agradecimiento con los amigos.

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