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Madurez política y unión suramericana
Por Silvio Trujillo Acebedo
25 de octubre, 2008
El
conflicto de Bolivia ha sido una oportunidad de ejercitar la madurez
y el avance hacia la unión suramericana. Un ejemplo de que puede
haber diversidad ideológica dentro de la democracia: Hay países
opuestos a la ideología izquierdista de Evo Morales, pero que
respetan la democracia, ya que Evo Morales, aunque estemos en
desacuerdo con él, es el gobernante elegido democráticamente por los
bolivianos. La derecha boliviana no tiene por qué combatir con
violencia al presidente, sino usar el camino democrático para
competir con él. Obvio que Evo Morales también debe respetar a la
oposición y competir con ella dentro de cauces democráticos. El
camino democrático se caracteriza precisamente por el respeto entre
personas que tienen ideales diferentes: La democracia, ni más ni
menos, es el camino de la controversia pacífica. Donde hay violencia
sencillamente se está cerrando el camino de la paz, de la diversidad
democrática, de la diversidad ideológica dentro de la unidad
nacional.
Los
principios democráticos no sólo deben aplicarse en el interior de
cada país sino también en las relaciones entre los distintos países,
no importa su diferencia ideológica. Alegra por eso el avance
democrático de Unasur (Unión de Naciones Suramericanas). Gobernantes
de izquierda, de centro y de derecha dándose la mano como hermanos
suramericanos: Rafael Correa, Hugo Chávez, Alvaro Uribe, Michelle
Bachelet (presidenta de Unasur), Cristina Fernández, etc. Entristece
y no se entiende en cambio que Chávez insulte a los Estados Unidos,
llamándolos “gringos de mierda”. Ahí está pintado el temperamento
pendenciero de Chávez y su ideología de extrema izquierda. Caza
peleas donde no las hay. Si no hemos avanzado más en la integración
suramericana no es por culpa de los Estados Unidos. Esa integración
no avanzará porque nos unamos en contra de Norteamérica sino porque
nos integremos y nos comprometamos como países hermanos en torno a
ese grandioso ideal. El tiempo que malgastamos insultando a Estados
Unidos lo debemos emplear en consolidar a Unasur. Estamos en mora
de que se reúnan los miembros de Unasur a hacer un programa con
metas y fechas definidas para avanzar concretamente en pro de esa
unión. ¿Acaso ser amigos de la unión suramericana significa ser
enemigos de la gran nación norteamericana, la que desde 1776 empezó
a enseñarnos lo que es una unión dentro de la democracia, lección
aprendida por Francia en 1a Revolución Francesa, que se olvidó muy
pronto con el imperio de Napoleón. No pretendemos decir que los
Estados Unidos son perfectos ni ocultar sus actuaciones imperiales y
equivocadas, como la invasión a Irak, que fue condenada en su
momento por los países democráticos.
No caigamos tampoco en el
error de inmiscuirnos en la potencial competencia entre Rusia y
Estados Unidos, en la cual ya se inmiscuyó Chávez. Sería una torpeza
tomar partido en esta competencia que reviviría a destiempo la
enterrada guerra fría del siglo pasado. Sería un desgaste
innecesario del tiempo que necesitamos para el objetivo
constructivo de nuestra integración. Nuestra única intervención en
este caso sería una intervención constructiva, al estilo de la
intervención en Bolivia, para tratar de evitar el conflicto entre
dichas naciones. Por Dios, no se puede olvidar lo que estamos
perdiendo en nuestro desarrollo mientras más nos demoremos en el
logro de una unión suramericana que llegaría fácilmente con el
tiempo a ser el mayor mercado interno en el mundo, mayor que los de
Europa y Estados Unidos, teniendo en cuenta el área, la comunidad de
idiomas (español y portugués), la unidad religiosa y la afinidad
histórica y cultural. Es bueno aclarar finalmente que la unión
suramericana no tendría ningún objetivo belicista, armamentista o
imperial, porque no tendría sentido que países cristianos
desaprovecharan esa gran oportunidad de dar ejemplo al mundo de su
ideal de una hermandad universal inspirada en el amor. Una hermandad
que desechara de entrada cualquier objetivo negativo y se integrara
en torno a ideales positivos. |
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