La Crónica # 357
Por Rafael Uribe
26 de junio de 2009
Turismo desde la óptica de Dios II
Llegamos a Medjugorje vía Dubrovnik
una ciudad preciosa sobre el mar Adriático, amurallada y
hoy reconstruida casi totalmente, después de los
destrozos ocasionados por la guerra de los Balcanes.
Visitarla nos hace recordar muchas cosas de la vieja
Europa, es algo excepcional. La arquitectura regional se
respeta con muy pocas excepciones, como algunos hoteles
de lujo. Pero dentro de las murallas no están permitidos
los cambios exteriores, es Patrimonio de la Humanidad y
se preserva con celo.
A unas tres horas en autobús de allí,
esta situada Medjugorje que en el idioma Croata quiere
decir entre montañas. Se habla este idioma a pesar de
estar ubicada en Bosnia-Herzegovina y, dentro de este
país de gran mayoría musulmana, es un verdadero enclave
católico y destino de numerosas peregrinaciones.
Peregrinar allí tiene todo un sentido
mágico para quienes creemos en la Santísima Virgen y
somos sus devotos. Existe una gran diferencia con otros
santuarios como Fátima o Lourdes, en estos, la Virgen
estuvo, pero en Mejugorje está, porque aun continúan las
apariciones. No fuimos a Medjugorje en busca de cosas
extraordinarias, si a vivir los mensajes de la Virgen
que, como toda madre, repite con insistencia. Nos invita
a la oración, la eucaristía, la penitencia, el amor y la
paz.
Buscábamos con ello la reconciliación
de nuestro espíritu, porque es un lugar donde se reciben
numerosas gracias si solo abrimos por un momento nuestro
corazón. Viajamos en un grupo maravilloso de trece
personas, al que al final se unió un español que nos
deleitó con su conocimiento histórico de Bosnia,
Herzegovina, Serbia, Croacia y Montenegro.
Hay cosas que a todos impactan así
hayan ido a Medjugorje por curiosidad o por un llamado
oculto de nuestra Madre. De hecho, lo vivimos con uno de
nuestros compañeros de viaje, no muy convencido de su
propia religión, que no es la nuestra. Nos dio su
testimonio sencillo y lleno de sentido que escapa a
nuestras palabras para describirlo y que, además,
queremos conservar en nuestras mentes para respetar su
privacidad.
Es increíble vivir a nuestro
alrededor tanta devoción y fe, millares de personas de
todas las razas y nacionalidades llenan la iglesia, que
parece desproporcionada en su tamaño, mucho más cuando
nos enteramos de que fue construida en una población que
en esos días solo albergaba ciento veintiocho familias.
Dice la historia que el párroco, estando de visita en
Roma, tuvo el sueño de que debía construir una gran
iglesia porque un día se llenaría de peregrinos. Por
fortuna creyó su propio sueño.
Varias cosas debemos hacer en la
visita, si a este santuario llegamos con fe:
Subir al monte de las apariciones
rezando cada uno de los quince misterios antiguos del
rosario, vaciados en bronce representando el momento
bíblico. No es muy alto el cerro, aunque su ascenso es
difícil por las ásperas rocas del camino.
El ascenso al monte de la Cruz, de
500 metros de altura sobre el pueblo por un camino
rocoso y muy pendiente, como de una quebrada seca con
sus cascadas, es arduo para cualquiera. Se reza en el
ascenso el Viacrucis también fundido en bloques de
bronce. Confieso que no era mi oración predilecta, pero
en ese camino, el silencio de los cientos de peregrinos
y su devoción y entrega, hacen vivir la pasión del Señor
hasta al más frío. Describí entonces el origen de mi
fe. Dicen que debe llevarse una piedrita para dejar al
pie de la enorme cruz de 33 metros, construida en 1933
por las mujeres del pueblo para buscar el regreso de sus
esposos que, por la difícil situación del momento,
habían ido a trabajar a otros países en busca de
sustento. Por la fe y esfuerzo de estas mujeres, el
Vaticano envió una reliquia de la Cruz.
Mi piedrita era del tamaño de un
guisnate, pero a media que ascendía entendí que era
insuficiente por lo que recogí una roca del suelo y al
llegar a la cruz las deposité, con estas palabras:
Señor, en esta roca dejo mis culpas para que las laves
con la misericordia de tu sangre y en este guijarro mis
buenas acciones para que las bendigas. Jamás había
sentido tanta paz. En ese momento miré al cielo, sin una
sola nube y del azul intenso de un cercano atardecer. Se
me ocurrió que era el elemento mas sencillo de la
naturaleza.
Describir las eucaristías en croata
donde el evangelio es leído en el idioma de cada uno de
los sacerdotes presentes (casi siempre en muchas
lenguas) y la adoración del Santísimo en presencia de
peregrinos de todas las nacionalidades, requeriría
varias crónicas por lo que lo dejo a la imaginación de
mis lectores creyentes.
Me impactó la visita a la hermana
Vicky, una religiosa peruana residente en esta ciudad
por varios años. A través de los versículos de la Biblia
responde a todas tus preguntas. A una mía, que ni
siquiera recuerdo con claridad, contestó con un Salmo
que palabra más, palabra menos, dice: Pon tus buenas
acciones en manos del Señor que el las bendecirá. Justo
lo que dos días antes había pedido en el cerro de la
Cruz.
Asistir al Cenáculo, que es un centro
de rehabilitación de drogadictos a través del trabajo y
la oración, mueve corazones. Oír los testimonios de
estos jóvenes (había 90) es un experiencia que enriquece
el espíritu. Las historias de sus vidas y como han
salido de lo mas profundo de la miseria humana, y la
visión su rehabilitación, es una lección para
cualquiera.