Dueño de la Luz
Por José Luis Restrepo Vélez
30 de octubre, 2004
Pat Robertson, vocero del fanatismo religioso, ha
dicho del presidente Bush, “…creo de verdad que la bendición de Dios
está con él. Y hay que recordar, creo que fueron los chinos quienes
lo dijeron, usted sabe, esa es la bendición del cielo para el
emperador. Y creo que la bendición del cielo está con Bush. Así de
claro.”(The Washington Post, 21 de octubre de 2004) Lo malo es que
Bush también se lo cree. Un reportaje reciente en The New York Times
describe el panorama escalofriante de un hombre con todo el poder
del mundo atrincherado en sus prejuicios y seguro de que sus
decisiones, por absurdas que sean, reflejan la voluntad de un Dios
cuyos designios cree estar cumpliendo en la tierra. Un individuo sin
muchas luces se ha proclamado a sí mismo redentor de la cultura
occidental y ha surgido así un fanático religioso al frente de las
huestes del “bien” para enfrentarse con las hordas de la destrucción
y el terrorismo, que profesan otro fanatismo religioso.
El mundo ha regresado a la Edad Media pero ahora dispone de
armamentos nucleares. En el país liderado por el señor Bush
prevalecen el odio y la desconfianza sobre la tolerancia y la
solidaridad. Gane (como parece probable) o pierda (como es deseable)
en la elección del martes, el emperador a quien Dios ha bendito debe
sentirse satisfecho porque el daño ya está hecho.
La discriminación ha sido siempre fuente de injusticia y de
resentimiento y ahora se la practica en gran escala. La barbarie de
los grupos extremos del mundo islámico contra la población de las
naciones que ellos perciben como encarnación del demonio ha desatado
la ira y el desquite de los afectados, que recelan de todos los
súbditos del Islam. Estos, a su vez, desconfían de sus enemigos y
los desprecian. Sólo unos pocos dirigentes se han atrevido a
imaginar y a proponer una Alianza de Civilizaciones que, encauzando
la lucha contra el terrorismo por cauces ajustados a la ley,
reemplace al funesto Choque de Civilizaciones que preside el Dueño
de la luz.
La trama de transacciones y convenios que sirven para moderar los
conflictos en el ámbito global han sufrido también como consecuencia
de la actitud de infalibilidad asumida por los grandes del mundo. El
de la luz y sus secuaces actúan solos, al margen de los compromisos
y las instituciones internacionales porque tienen la convicción de
poseer la verdad y no necesitar de nadie más. La renuencia del señor
Bush a unir sus esfuerzos con los de la comunidad internacional ha
serruchado el piso a los tratados de no proliferación nuclear,
protección del medio ambiente, proscripción de las minas
antipersonales, creación de la Corte Penal Internacional. Ha
sometido a depuración artificial las convenciones de Ginebra dando
lugar a la tortura y la humillación de prisioneros. Y ha debilitado
la organización de las Naciones Unidas.
El mundo está listo para el colapso o para el rescate. Lo mismo
Estados Unidos. La democracia matriz está en peligro por la falta de
respeto y garantías a las libertades civiles, la preferencia por los
adinerados y por las corporaciones que los alimentan con olvido de
los pobres y de las carencias en educación y salud, la violación del
principio de separación entre la iglesia y el Estado para solventar
unas curiosas criaturas llamadas iniciativas basadas en la fe, la
transgresión de los principios básicos de la economía combinando
menores impuestos a los que más tienen con déficit fiscales
impresionantes.
El Dios en que creo no puede haber inspirado tanta locura.