El
espíritu de la campaña
Por
José Luis Restrepo Vélez
20 de octubre, 2004
Sería de esperar que la campaña de
reelección presidencial de aquel a quien llaman el líder
del mundo libre ofreciera a sus conciudadanos y a sus
congéneres en general una visión optimista, generosa y
redentora de la actividad del gobierno en el futuro. Al fin
y al cabo la Declaración de Independencia de Estados Unidos
consagra, con exceso de optimismo y algo de ligereza, el
derecho inalienable de perseguir la felicidad. Felicidad
que implica entendimiento y aceptación, tolerancia y
solidaridad entre todos los grupos de la sociedad. La
campaña del señor Bush no puede estar más lejos de ese
ideal de paz y comunidad. Las principales estrategias que
la sostienen son el odio, el chisme y la calumnia.
La fase decisiva del proceso electoral se inició a finales
de julio con la convención del partido demócrata que lanzó
en Boston la candidatura de John Kerry y la de John Edwards
para vicepresidente. La convención de Boston fue un
certamen de cordura política en el cual por instrucción
expresa del senador Kerry se evitaron los ataques
personales a los personajes republicanos. La única
excepción fue el discurso de aceptación del candidato
quien, como es lógico, atacó el récord del presidente Bush.
Pero aún ese análisis crítico tuvo altura.
En el lapso transcurrido desde Boston a la convención del
partido republicano en Nueva York, las encuestas indicaron
la tendencia a la igualad en las preferencias del
electorado. El evento de Nueva York fue un festival de
agresión sin restricciones contra el senador Kerry, que
adquirió su mayor rimbombancia con la destemplada
intervención del senador Zen Miller quien, electo por los
votos de los demócratas del estado de Georgia, los utilizó
para traicionar sus intereses.
Ese río de odio desencadenado por las huestes del
presidente Bush se combinó en seguida con la cruzada de un
grupo de veteranos de Vietnam, que se lanzó a desacreditar
al candidato demócrata con una serie de acusaciones no
comprobadas. Este episodio fue financiado por conocidos
contribuyentes tejanos a las aventuras políticas del
presidente y tuvo contactos con algunos voceros de la
actual campaña republicana, que nunca reconoció sus nexos
con el esfuerzo por torcer la calidad del servicio militar
de John Kerry en Vietnam.
La coincidencia de dos fenómenos en el tiempo no siempre
significa una relación de causa y efecto. Pero no resulta
aventurado pensar que el odio y la calumnia dirigidos
contra la candidatura demócrata produjeron una apreciable
ventaja del presidente Bush en las encuestas que se
prolongó hasta el primer debate presidencial.
Tres veces se presentaron los dos candidatos presidenciales
para debatir sobre temas de interés para la ciudadanía y
una los dos aspirantes a la vicepresidencia. Los
televidentes que en número récord los siguieron opinaron
que Kerry y Edwards superaron a Bush y Cheney.
Igualadas de nuevo las preferencias en la mayoría de los
sondeos, se recurrió otra vez al chisme. La potente cadena
televisiva Sinclair Broadcast Group Inc. propiedad de
fuertes donantes a las campañas de George W. Bush amenazó
con transmitir por 62 estaciones un video amañado sobre la
oposición a la guerra que Kerry asumió después de su
servicio en Vietnam. Ante la reacción negativa de sus
accionistas, anunciadores y clientes, la empresa canceló la
presentación del corto metraje y anunció en cambio que
presentará algunos segmentos en una versión más reducida.
Ojalá esta propaganda disfrazada de noticias no tuerza el
resultado de la elección el 2 de noviembre.