No Voté
Por Fernando Vargas
5 de junio,
2006
Confieso que no voté en estas elecciones pasadas. En parte
porque no dedique el tiempo a enterarme sobre los candidatos y
sus plataformas políticas y porque viviendo lejos no existe la
misma oportunidad de absorber información directamente del
ambiente. Es decir, no cumplí con mis obligaciones cívicas. Pero
principalmente no me interese porque estoy cansado de las
discusiones inútiles que preceden toda campaña y plagan todo
periodo presidencial, la arrogancia de las campañas o sus
candidatos y la intolerancia de la sociedad que no permite tener
un debate sincero e inteligente que pueda llevar al país hacia la
prosperidad.
Las discusiones durante la campaña son inútiles porque siempre
se centran en los candidatos, sus calificaciones académicas, su
pedigrí familiar, sus afiliaciones políticas, quienes son sus
amigos, si es rico, pobre, de izquierda o derecha, guerrillero o
paramilitar. Se hace de una campaña presidencial una competencia
de popularidad en la que todos los candidatos compran votos con
almuerzos, fiestas y promesas que nunca se han de cumplir. Las
discusiones que vienen después que se declara un ganador son
igualmente inútiles porque se centran en lo que la oposición no
deja hacer y lo que el presidente no esta haciendo.
Son inútiles las discusiones con los intolerantes que se creen
poseedores la única verdad, que se valen de cualquier medio para
aplastar el mas insípido semblante de oposición o disensión. Esos
son los verdaderos terroristas; los que no están dispuestos a
considerar que pueden estar equivocados, que han cometido errores
y que pueden existir otras verdades igualmente dignas de respeto
que la propia y por lo menos con el mismo derecho de existir. Y
no, no estoy hablando únicamente de Bush o de Uribe. También
aplica a los guerrilleros de izquierda y derecha que perpetúan
una lucha armada enmascarada de conciencia social por un lado y
de seguridad y por el otro cuando en realidad son dos caras de la
misma moneda. La de la ambición personal, el amor al poder y el
dinero engendrados en el narcotráfico.
Solo son útiles las discusiones en las que todos los
involucrados tienen el objetivo y las intenciones sinceras de
aportar soluciones que beneficien al país entero, no solo a un
sector o al otro y donde las propuestas de solución no estén
manchas con los colores partidistas o el verde dólar de los
intereses corporativos y extranjeros.
Solo hay un momento en el que esta bien ser de un partido u
otro y es durante la campaña. Después, cuando se declara quien va
a ser el próximo presidente, todos debemos ser del mismo partido:
Colombiano!
No es posible que una persona, por bien intencionada que sea,
por brillante que sea, pueda resolver los problemas de un país en
un periodo presidencial y mucho menos sola. No es saludable
tampoco pensar entonces que hay que mantener a una persona en el
poder prolongada o indefinidamente para que pueda lograr algún
objetivo. Modelos semejantes, dinastía, monarquía y dictadura ya
están pasados de moda porque no sirvieron a sus ciudadanos. Los
objetivos y rumbo de un país deben ser universalmente reconocidos
y aceptados por sus ciudadanos y los presidentes deben
simplemente tomar turnos para lograrlos.
Se me ocurre que un vuelo comercial es una buena analogía para
un país. Todos los pasajeros tenemos el mismo objetivo; llegar al
destino estipulado cuando nos montamos en el avión, tener un
vuelo cómodo, saludable y por encima de todo, seguro. Algunos van
en primera clase, otros en turista, otros en ejecutiva, algunos
como tripulación y por supuesto otros son los pilotos o
presidentes. El vuelo es largo y cada piloto esta a cargo del
avión por periodos determinados. Ninguno cambia el destino.
Simplemente afronta las condiciones que se le presentan en su
turno; el mal tiempo, los vientos cruzados, o de cola, la
congestión en el aeropuerto para despegar o aterrizar o la
eventual emergencia mecánica.
Ciertamente hay pilotos con mas experiencia que otros y
algunos aterrizan mas suavemente que otros pero no creo que como
pasajeros elegiríamos por votación a nuestro piloto en base al
tipo de comida que nos prometa o si la película que van a
presentar en buena o mala, en blanco y negro o a color y menos
aun si nos ofrece hacer un desvío para pasar por una isla
paradisíaca. Sin embargo es con esos criterios que aparentemente
elegimos presidente.
Creo que los objetivos de un país, de cualquier país, son
universales: Garantizar los derechos humanos y civiles,
garantizar el acceso y calidad a servicios de salud, garantizar
el acceso y calidad de la educación, garantizar el acceso a
vivienda digna, garantizar el acceso a los servicios públicos de
agua potable, alcantarillado, energía y comunicaciones;
administrar los recursos naturales para beneficio de todos
manteniendo la salud del medio ambiente, garantizar la soberanía
e integridad territorial. ¿Hay alguien que no este de acuerdo con
estos objetivos? ¿O son acaso estos objetivos nuevos y recién
expuestos?
La repuesta confío que es No. ¿Por que entonces dejamos que
cada presidente que elegimos, engatusados con promesas de islas
paradisíacas que nunca hemos de ver, cambie el rumbo de nuestro
vuelo? Es por eso que nunca nos vemos más cerca del objetivo sino
por el contrario cada vez se hace más lejos y más difícil de
lograr.
Pienso que en parte el problema radica en que no concordamos
universalmente con los objetivos de país aquí expresados. Suenan
muy bien pero sospecho que una vez hemos logrado esos objetivos
individualmente, se nos olvida que estamos en una diminuta
minoría y pasamos a preocuparnos de cosas más personales y menos
importantes que el bienestar del país.
Quien critica, hace oposición o intenta entablar un dialogo
respetuoso y tolerante en el cual se expone y se reconoce el
incumplimiento de los objetivos para la inmensa mayoría se le
tilda de izquierdista, de guerrillero o comunista y como en
cualquier dictadura que se respete se le persigue y extermina.
No es bueno que todos estemos de acuerdo. Resulta demasiado
aburrido. Pero mas importante que eso es que solo del intercambio
de opiniones (no hay intercambio cuando las opiniones coinciden),
cuando hay debate, cuando se promueve y estimula a pensar
distinto, solo entonces encontraremos verdaderas soluciones y
progresaremos como humanidad, no solo como país.